Caníbales
Esta semana, una palabra me he perseguido inmisericorde. Me ha atacado desde las páginas de mis libros de cabecera en turno, desde la estación de radio sintonizada al descuido y desde las pláticas bobas de oficina. El asunto es bastante extraño porque la mentada palabra no es uno de esos vocablos ingenuos como “familia” o evocadores como “palmera”. Resulta que la palabra de la semana es “antropofagia”. Ni más ni menos.
No puedo fingirme escandalizada porque la verdad he pensado mucho en semejante costumbre humana (quizá se deba a que no he sido muy afortunada con mis superiores laborales). La antropofagia me ha interesado desde hace muchos años, aunque hay que aclarar que el asunto no viene de una parafilia inconfesable sino del más decente vicio de leer recetarios e historias de la alimentación. La cuestión es que el tema se ha instalado en la agenda (¡ay, qué término tan mamón!) de los mexicanos porque unos investigadores del INAH acaban de declarar que sí, que ni modo, que qué le vamos a hacer, que los mexicas sí comían carne humana y que no eran puros inventos locos de los frailes piojosos de la conquista espiritual. Resulta que los doctos investigadores hallaron un basurero prehispánico. Ahí estaban –por supuesto, nuestros ancestros eran un pueblo limpio- las sobras de la comida: húmeros roídos porque la carne pegada al hueso es la mejor, tibias rotas para hacer tacos de tuétano, cúbitos con hilachos de carne que quedó correosa por una mala cocción. ¡Horror! Se fue al diablo la visión de la flor y el canto, el pájaro de las no-sé-cuántas-mil-voces y la limpia metrópoli del Altiplano. Caníbales. Resulta que descendemos de caníbales y nosotros haciéndonos la ilusión de ser los herederos de la medicina milenaria, de la avanzada astronomía, de la filosofía que ni los franciscanos pudieron comprender.
La verdad el asunto era ya bastante claro. En su libro Bueno para comer, Marvin Harris expone innumerables pruebas de la antropofagia en nuestro país. Incluso un estudio publicado en Nature, habla de que la influencia de los aztecas sobre los pueblos del norte llevó a los anazasi a practicar el canibalismo. Lo interesante este estudio es que la antropofagia está probada científicamente pues se hizo a partir del análisis de coprolitos (excremento hecho piedra, para los ignorantes de las etimologías grecolatinas) y los resultados señalan que los anazasi comían carne humana en cantidades considerables. La cuestión es que no nos la queríamos creer.
Este horror ante la antropofagia siempre me ha sorprendido; pero no porque me parezca que un muslito de niño es apetecible, sino porque el horror ante el canibalismo se basa en la deshumanización. Intentaré explicar tan confusa argumentación. Para poderte comer a alguien debes pensar que no es humano, sino simplemente una rica fuente de proteína. Es decir resulta necesario aislar el cuerpo de todo aquello que nos hace humanos –que las más recientes teorías llamarían la mente y mi maestra de catecismo, el alma inmortal. Si uno lo logra, puede empezar a ver a los transeúntes como ricas viandas ambulantes, justo como sucede en las caricaturas cuando los pollos que corretean se vuelven jugosos frutos de rosticero. La cuestión es que el verdadero horror del canibalismo es la deshumanización del otro.
Lo interesante es que esa deshumanización no nos resulta tan aberrante cuando no va acompañada de la ingesta. Si el señor Bush decide apresar talibanes, arrojar sus derechos humanos al Golfo Pérsico y tratarlos como animales ponzoñosos o mejor aún matarlos en sus propias casas, escuelas y hospitales la opinión mundial se lamenta y agita la cabeza con desesperanza. Ahora bien, si al mismo señor se le ocurriera celebrar una cena-baile en la que se sirvieran higaditos de talibán en salsa de morillas, entonces sí la humanidad pondría el grito en el cielo. Quizá los franceses decidirían invadir Florida y los ingleses comenzarían a pensarse aquello de las alianzas. La misma idea se puede aplicar a lo largo de la historia a los curdos, los judíos, los católicos, los negros y a todos aquellos grupos humanos que han sido tratados como no-humanos (es decir casi a cualquiera que haya pisado el planeta Tierra).
Parece que el principio que prevalece es que se vale ver a cualquiera como un saco de huesos y músculos y tratarlo como tal, pero no se le ocurra a uno zamparse unas costillitas de semejante origen porque la reprobación mundial lo aplastará a uno con todo su peso. La pregunta sería si es válido mirar con los ojos hinchados de asco al caníbal tribal que se come un enemigo en un rito milenario y dedicar una mirada de madre regañona a quien deshumaniza, de cabo a rabo, al mismo enemigo. ¿Acaso no se practica, todos los días, una antropofagia mucho más perversa? Una antropofagia que se come los sueños, los deseos, los recuerdos y la identidad del otro.

3 Comments:
El canibalismo en la epoca prehispanica es parte de los sacrificios humanos.
Que bush defienda a su pais del terrorismo es poca cosa comparada; con la mal llamada "conquista española" porque "la invasion a Irak" es la unica forma de defender a su pais de la cultura de violencia entre los musulamanes y en "la invasion española" se trato a toda nuestra raza (aztecas y demas) peor que animales, para robarles su riqueza y territorio.
En Mexico es politica del corrupto gobierno satanizar al presidente de Estados Unidos en turno para que los mexicanos no veamos que nuestro presidente es peor, y es solo una tactica politica para distraer la atencion de la pobreza y corrupcion en Mexico.
BUENO...todos somos canibales,beran cuando nos entregamos a nuestra pareja,asi que si somos canibales . LA diferencia s que no nos cortamos en pedasitos.
Fantástico el análisis!Lejos de posicions chauvinistas y con una gran base histórica. Habría que pensar que el señor Francisco es bastante parcial en su análisis histórico. EEUU tiene una política tan imperialista como los antiguos españoles. Sí, siempre han tenido que defenderse, los pobres, del odio del oprimido, qué le vamos a hacer!, todavía se les recuerda con gran cariño en Hirosima y Nagasaki.En Chile, en Venezuela, en Cuba...en Irán, en la India...Claro que en su propio pueblo exterminaron a los aborígenes, qué se puede esperar del resto del mundo?
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